En travesía conocí a un peregrino que frecuentaba una estrategia curiosa, reservaba varios alojamientos en el mismo pueblo para la misma noche, a través del famoso canal de reservas, que todos conocemos.
—Así tengo más opciones —me dijo—. A veces bajan los precios a última hora.
Le pregunté si no le preocupaba bloquear las camas que otros peregrinos podrían necesitar y me respondió sin dudar:—Hago lo que la plataforma permite.
La contestación me dejó reflexionando, porque esa dinámica la vemos cada día en nuestros establecimientos: reservas cancelables, repartidas entre distintos hoteles, con diferentes tarifas y para segmentos dispares, todas vinculadas al mismo cliente.
La cuestión es que cuando gestionas con precisión, cada habitación cuenta y al tener pocas unidades, importa el doble; así que proteger el inventario con restricciones de cancelación en los canales donde éstas tácticas son comunes, reduce las anulaciones de última hora , no-shows y mejora la rentabilidad.
Lo curioso fue que al día siguiente volví a cruzarme con el mismo peregrino y le pregunté cómo había dormido.
—Fatal —me dijo—. No pegué ojo… todos durmieron menos yo. He pagado una habitación privada para garantizarme el descanso de esta noche.
Al observar su rostro cansado, los hombros caídos y sus ojos rendidos, concluí que quizá el karma, había reservado para el viajero de las reservas fantasma, una noche de desvelo.

