Tres bombillas colgantes reflejando un cielo con nubes, simbolizando ideas, claridad y reflexión más allá de la tecnología.
No es magia ni IA. A veces hay que buscar el interruptor y encender con la mano.

Lo que la inteligencia artificial no puede encender por ti.

A veces parece que no hay historia, que el almuerzo será solo eso: un almuerzo; pero el oído se afina, cuando aprendes a escuchar.

Éramos cuatro en la mesa. Tres no querían alcohol. Uno pidió vino, pero al ver que nadie le acompañaba, reculó: – “bueno, una cerveza”-, pero como brindar en solitario, no tenía la misma magia, cambió: “-un shandy, entonces-” y se abrió la conversación: infancia, sobres de TAG, vasos con cucharas que chirriaban al batir. La nostalgia tiene sabor a polvo de limón y a tardes sin wifi.

Pero lo mejor vino en el baño. Tres hombres agitando las manos al techo, como si creyeran que la luz, se encendiera con fe. Busco el interruptor. A la izquierda. Media altura. Click.

Y ahí me cayó la ficha. No eran veinteañeros recién salidos del metaverso, sino aquellos cincuentones, que se burlaban de los “niños pantalla”…. pensé en sensores, algoritmos e IA. Nos venden que la inteligencia artificial, resolverá nuestra vida, pero el sentido cómun, no viene programado de serie.. hay que mover el cuerpo, cuestionar, escuchar con ganas, recordar lo que era un sobre de polvo amarillo y a veces, hay que agacharse y encender la luz con la mano. No por nostalgia, sino para entrenar el ingenio de la lucidez, que la lA no puede leer.