Globos de colores elevándose en el cielo azul, simbolizando ideas, emociones y experiencias que se venden como aire.
Revenue Management también aplica cuando vendes aire. Todo depende de la percepción.

Caminaba por una calle peatonal bulliciosa, bordeada de restaurantes, peluquerías y tiendas de souvenirs, que parecían competir por atraer la mirada de quienes transitaban la ciudad. Me sorprendió descubrir un pequeño local silencioso, casi oculto, que vendía sólo globos. 

Entré movido por la curiosidad, en un reducido espacio multicolor, que acumulaba en el techo y las paredes, variedad de esferas doradas, violetas, rosas y plateadas, que destellaban con el movimiento ambiental. El lugar irradiaba la magia de un sueño.

-¿Vender aire funciona?- pensé.

Comenzamos a hablar de precios y modelos. El dependiente explicó que los de helio subían ligeros hasta el techo y que los de aire normal, se encontraban pegados a las paredes, aunque el establecimiento también contaba con otros en formato comprimido, que mantenían su firmeza por más tiempo. Me pareció admirable que aquella variedad, contara con su propio secreto de flotación.

El dependiente continuó con la revelación: “El helio se eleva como un suspiro, pero cuidado, la maravilla se desvanece con los cambios de temperatura. Los de aire normal son más estables y los de compresión sostienen la compactación ante el clima. Cada atmósfera tiene su precio y riesgo, escoger uno u otro, depende de la ilusión de ascensión”.

Me fui de allí reflexionando sobre la labor del Revenue Management hotelero, en función a calibrar los precios, según variables propias del sector y la percepción del cliente, de modo que la vivencia funcione como un globo, capaz de elevar la experiencia de quien lo recibe.