Pan dulce roto en el aire, como símbolo de ruptura y revolución.
Como en “Delicioso”, a veces basta una receta rebelde para cambiar el orden establecido.

La película Delicioso (Délicieux, 2021) me llevó a reflexionar sobre hacia dónde nos dirigimos como sociedad, qué rol ocupamos y cómo valoramos el talento humano en la era de la inteligencia artificial. Ambientada en la Francia del siglo XVIII, justo antes de la Revolución, logra sumergir al espectador en la atmósfera de la época, explorando con sutileza, las tensiones entre las clases sociales y la búsqueda de la libertad personal.

La trama muestra cómo las delicias del paladar eran privilegio exclusivo de la alta cuna. Los chefs talentosos, como el protagonista, estaban obligados a preparar menús dictados desde arriba, para un público que determinaba qué merecía ser servido. Sin embargo, la pasión por la cocina fue el motor de su cambio personal y social, pues sin proponérselo, originó el primer restaurante de la historia.

En la etapa tecnológica que se avecina, tal como en aquella cocina olvidada del siglo XVIII,  hay una receta que continúa funcionando: conoce tu talento, hazlo visible y rodéate de un equipo colaborador, porque si no estás en la cocina, probablemente acabes en el plato.