Espiga de hierba silueteada frente a un gran círculo de luz difusa, simbolizando simplicidad y recursos limitados aprovechados con intención.
Incluso con poco, la luz encuentra cómo sostener lo esencial.

Acudí a la charla de una Tensō, que es la responsable de cocina en un monasterio budista. Habló de guisar en silencio, del respeto por cada ingrediente y del gozo de compartir. Para el zen, cocinar es una práctica muy importante, porque la comida equilibrada sostiene jornadas maratonianas de meditación.

Después de una larga explicación sobre el respeto que le producía pelar y preparar los ingredientes más simples… comentó algo que me impactó: – “Los templos japoneses usan las donaciones del día para comer y a veces, sólo tienen dos ingredientes para el menú”-.

Pensé en el reto que supone cocinar para más de 100 personas con lo que hay y no con lo que te gustaría que hubiera, tal como me ha sucedido a mí en estas semanas, que no he podido contar con el RMS para elaborar la estrategia de precios oportuna. 

Resultó curioso observar cómo el Tensō cocina con lo que tiene y el Revenue Managment saca el presupuesto adelante con las herramientas existentes y es que al final, hacer rendir con los recursos disponibles, es todo un arte.