Asistidos por algoritmos.
Un jubilado con demencia, cuenta con un ayudante de metal, que le organiza la vida. Establece rutinas, proporciona estimulación cognitiva y participa en la comisión de delitos que entretienen al pensionista. Suena extremo, pero tampoco hay que irse tan lejos para ver el reflejo de algo que ya pasa: personas que no saben qué hacer con su tiempo y precisan que les marquen rutinas a cambio de delegar la voluntad y el criterio.
Si no tienes claro qué te apasiona, ni a dónde quieres ir, terminas pidiendo a un algoritmo que te diseñe el día y te recuerde que eres adulto.
El jubilado con demencia necesita un robot que le ponga en hora. La persona con la agenda vacía también. Los dos requieren rutinas funcionales, que se adapten a sus vidas y los estimulen a crecer. La diferencia es que uno perdió la memoria y el otro perdió la voluntad de asumir decisiones.

